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2004Lacomunidad del CalimochoTexto: Carlos Lacoma
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Prologo |
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Debido a las innumerables peticiones llegadas de boca de Noguero, Lemus pequeño, Dinda, Borruel, la peña "Barro Guarro" en general y Javi Puente en particular, integrantes de "Quo Vadis", "Quereka", Albalá, Ortiz, el Faqui, el Pérez y demás gente de mal vivir y peor beber, que integran el entramado nocturno de Barbastro y que frecuenta la página de la peña, me veo obligado a volver a relatar las terribles peripecias de la banda de borrachos antes conocida como peña Resaka, y que ahora directamente no tiene nombre (ni lo merece). Ustedes perdonarán la falta de ritmo en algunos pasajes del relato y la falta de frescura que se puede apreciar en algunos tramos. A la tardanza en la elaboración de dicha recopilación se une el hecho de que el autor no estuviera presente en la mitad de los saraos y en la otra mitad fuera ciego como un topo, por lo cual lo que se cuenta se remite casi única y exclusivamente a lo que le han contado y en cierta medida a lo que recuerda su enferma mente (y que difiere en algunos casos de lo que pasó realmente, ya se verá algún ejemplo). |
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| Recuerdo
que ya hace unos años, un insigne miembro de esta peña
(del cual no revelaré el nombre) dijo algo así como “a
los 25 años dejo el alcohol”. Dicha afirmación no fue
jamás tenida en cuenta por ninguno de los presentes, pero se
tenía cierta curiosidad por lo que acontecería con la
llegada de ese momento. No solamente no cumplió su promesa,
sino que parece que haya hecho un pacto con el diablo para que le
conserve el hígado siempre joven y en perfecto estado para
acometer, y cometer, las más terribles atrocidades en lo que a
ingestión etílica se refiere.
Los demás, tampoco le vamos a la zaga. |
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3 de SeptiembreEL DIA DEL ASCO Y DE LA MIERDA |
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A causa de los compromisos profesionales del autor, los hechos empiezan a relatarse a partir del día 3 de Septiembre por la tarde. Al parecer, el resto de integrantes de la peña que residen en Barbastro durante la semana, se dedicó a comprar la bebida y a arreglar el garito el día 2 o el 3 por la mañana. Porque esa es otra, teníamos garito! Estaba en el barrio de San Juan, por lo que era un tanto engorroso a la hora de ir y además se sabía que una vez marchabas ya no volverías en toda la noche. Así que había que beberse hasta el agua de los floreros una vez cruzaras la puerta para enfilar hacia los bares, pero bueno, que me adelanto a los acontecimientos. |
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El caso es que, con muy buen
criterio, Lemus, Miguel, Raúl y aquel al que llaman Lacoma,
deciden quedar a las 20:00h en el Bar Victoria. Allí coinciden
con Don ángel Nasarre. Jarra tras jarra de cerveza (hasta
completar tres por cabeza, la última de ellas con whisky) la
conversación va tornandose más y más enloquecida.
Una vez se entra en ese bar, se vaya o no se vaya sereno, se corre el
grave riesgo de comenzar a hablar de temas tan apasionantes como la
Bundesliga alemana (en todas sus épocas, con especial
hincapié en el tramo 1933-1945), el Tour de Francia de 1999
(etapa de Piau-Engaly e imprecaciones a Armstrong y Zülle y
alabanzas a Escartín), liga NBA, Quique Villalobos y su paso por
el Festina Andorra y sobre todo, lo que más les gusta a Lacoma y
ángel, la selección soviética de 1988, tanto de
fútbol como de baloncesto, y su gran ídolo, “Mikhail”
Mikhailichenko. |
| Ese
día, no solo no se habló de esos temas sino que se hizo
una lista de todos los equipos de la Bundesliga pues había
cierta duda sobre que equipo viste actualmente camiseta roja y
pantalón azul (o era al reves). Lemus decía que era el
Hamburgo, Raúl el Bochum, mientras que ángel
sostenía
que era el Arminia Bielefeld. Sin saber muy bien como salió en
la conversación la ciudad de Kaliningrado (en tiempos
Köningsberg) y como a Lemus no le quedaba muy claro donde queda
eso, ángel cogió otra servilleta e ilustró a su
alumno todo un mapa del Báltico, con bordes fronterizos,
capitales y la ostia en verso (faltaban los lupanares, eso
sí). A eso de las 21:30h, y tras hora y media de conversación no apta para gente decente y tres pintas de cerveza después, deciden dejarse caer por el garito y dejan a ángel en su morada aplazando la segunda parte de la conversación “Prusia, ¡qué gran nación!” para más adelante en el Desvand. |
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| Allí,
en el garito, se las prometían muy felices. La felicidad y la
calma reinaban en dicho lugar hasta que vieron aparecer por la puerta
a los 4 jinetes del Apocalipsis que se habían propuesto el muy
firme e insano objetivo de matarse bebiendo. Las esponjas de las que
estábamos hablando, llegaron justo cuando trajeron las pizzas.
No contentos con devorarlas como auténticos cerdos, a uno de
ellos se le ocurrió pensar a que sabría un trozo de esa
mierda ungido en el sagrado liquido que tiene por nombre calimocho.
Porque claro está, no hubo ni siquiera un instante desde que
llegaron a ese garito en el que ninguno de esos cuatro elementos
pasara más de dos minutos seguidos sin un vaso lleno de
calimocho en su mano derecha. Y en la de Lemus eran de pacharán
con, dicen y cuentan aunque no estaría seguro de ello,
naranja. La puta pizza dejaba una película oleica flotando en el vino que ríete tu del chapapote. Era infernal, pero como se tenía el pleno convencimiento de que eso debía afectar mucho más, la gente de bien comenzó a untar la pizza en su vaso de calimocho para que le hiciera más pupa a la cabeza. Para que luego digan que los porros son malos. Y nosotros comiendopizzas del “Piccolo” y bebiendo vino de “La Magallonera”. Huelga comentario alguno. |
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“¡Kalibaaaaaaa,
Kalibaaaaaaa!”, era el grito de guerra mientras nuestras sedientas
gargantas trasegaban sin parar litros de alcohol como si la mayor de
las sequias fuera a cernirse implacablemente sobre la Humanidad. "Kalibá" es el nombre de una divinidad hindú que aparecía en "Indiana Jones en el templo maldito", ese gran film. La diosa era adorada por los cultos "Togui", que entre otras cosas, arrancaban el corazón a un desdichado infiel y después lo arrojaban a un pozo de lava dentro de una parrilleta. Dicho culto fué extendido por S. Miguel Nasarre por estas tierras, para sacralizar los cultos paganos al calimocho dándole una personificación a la que recurrimos cuando queremos expresar alabanzas a tal brebaje. El sumum de la depravación etílica tuvo lugar cuando uno de estos enfermos se empeñó en joderse un calimocho a base de vino como no podía ser menos y burbanflash de cola que había en un rincón perdido del congelador del garito. Ni que decir tiene que aquello era lo más parecido al infierno en la Tierra que alguien haya conocido. La mezcla de vino del malo, burbanflash de mierda hecho con polvos y el aceitillo de la pizza es una de las cosas más malas que uno se puede echar al cuerpo, hablando tanto del sabor como del olor, así como de sus efectos sobre cuerpo y en alma (en el caso harto improbable de que todavía la conservemos). |
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En
estas, a una de las tías se le ocurre la genial idea de sacar
unos tatuajes revenidos de los de veinte duros que se van a los dos
días, que habían comprado pa no se que fiesta de no se
hace cuantos años. El estafermo de Lacoma enganchó un
zarpao de ellos y se los ponía de cuatro en cuatro. Llevaba en
ambos brazos, en el cuello y por todo el pecho. Además se
emocionó cuando le dijeron que parecía Robert De Niro
en “El cabo del miedo” y se puso uno cerca de la rabera, al igual
que hicieron algunos de sus compañeros de paranoia
etílica
y locura temporal. Lemus tampoco iba a la zaga, aunque en honor a la verdad, presentaba una distribución de tatuajes algo más cuerda, aunque tampoco llevaba la santísima borrachera que llevaba el impresentable nº 1 de la peña. Esos dos vándalos se dedicaron un rato a quitarse la camiseta y hacer poses como los barrenados que se presentan a Mister Universo y tensan los músculos delante del jurado, pues estos lo mismo pero con tripa y con calcomanías de calaveras y serpientes distribuidas desde los pelos cojoneros de la rabera hasta los brazos, pasando por la tripa y el pecho. |
| Otros, como Lori, optaban por acosar al personal como si fuera un chivo en celo. Lo hace de broma (o eso se piensa) pero el cabrón te engancha por banda, te tira al sofá y te empieza a someter de una forma que solo le falta sacarse el rabo y darte el petisuis de merienda. Además el jodido, cuanto más zorro va, más fuerza tiene, no sé como lo hace, y pega unas santas ostias que “fan tremolar”. En esta ocasión le dio por acosar con cierta insistencia a Lacoma y la verdad es que la imagen debía ser más denigrante que las de la carcel de Guantánamo. Un gacho agarrando a otro por las dos piernas mientras hace que le endiña el salchichón y el otro como si tal cosa con un vaso de calimocho en una mano y un burbanflash de cocacola en la otra preocupándose de no salpicar en los cojines, mientras Karina, la novia de Lori, contempla la escena descojonada de la risa. Escena surrealista digna de aparecer en “Amanece que no es poco”. | |
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Llegados a cierto punto, las
tripas de los presentes comenzaron a quejarse por maltrato
psicológico. Raúl, después de cascarse un
tríptico consistente en litro y medio de cerveza, otro tanto de
calimocho y acompañar a Lemus en su penosa travesía a lo
largo del territorio “Zoco” con no menos de dos litros de
pacaharán con, se dice y se comenta aunque tengo mis razonables
dudas, naranja, comenzó a arrojar hormigón del bueno por
la boca. !Con esa pastureta no se caerían las casas, ya os digo
yo que no! Lori también tuvo su merecido y potó como una fuente. Solo que este elemento cuando se raba se descojona como un simple. ¡Parece como si le diera gusto!. |
| Las
tías estaban acojonadas. El acojono fue generalizado cuando al
salir del garito, Lacoma tuvo la brillante idea de subirse a la valla
de las “Aguas” de Barbastro, que quedaban justo enfrente de la puerta,
porque quería pasar y subirse a un camión del año
la picor que tienen aparcado en la explanada. Se imaginaba encima de la
cisterna de “CAMPSA” como si fuera Freddy Mercury en el videoclip del
“I want it all”. Disuadido de su objetivo, más que nada porque
el garito se encontraba al lado de la casa de los padres de Elena y
Lacoma estaba gritando como un cerdo subido encima de la valla, la cosa
pasó a mayores cuando los 4 jinetes del Apocalipsis enfilaron la
pasarela del barrio de San Juan. Sin ningún tipo de recato,
todos los tíos se sacaron la chorra y se pusieron a mear. Pero
había más. No contentos con todo esto, Miguel y Lacoma se
pararon frente al “Nuevo Alaska”. A los estentóreos,
vergonzantes y desgarrados gritos proferidos por esa
pareja sin igual, el proxeneta del lugar decidió contraatacar
sacando los perros a pasear hasta la valla del prostíbulo. Ahora
había dos burros gritando, cuatro perros ladrando y varias
meretrices maldiciendo desde las ventanas. Lemus en un acto de lucidez, dijo aquello de “parad, que han sacado a los perros” a lo que Miguel respondió eso otro de “Los perros ladran por cualquier chorrada”. Lo que si es cierto es que las señoras meretrices no salen a la ventana a gritar a la gente porque sí. Mientras tanto, Raúl se dedicaba a hacer equilibrios con una señal de STOP con barra y todo, que se había “encontrado”. En una de estas, la lanzó con toda su mala folla contra el suelo y se quedó como Dios. El acojone general iba in crescendo. |
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Una vez atravesado
este valle de lágrimas, se hizo un breve recorrido por las
atracciones de las ferietas. En vista de que el tren Chispita no nos
ofrecía sus servicios, decidimos darle la chapa al moro que
regenta el “puesto” de los bolos que hay que derribar de dos en dos con
un balón de fútbol. Para más señas, el moro
se parece horrores a Donato el jugador del Depor (para excolegiales del
mítico C.M.U. La Salle de Zaragoza, tiene un aire a Romero). |
Lacoma
se dejó media nómina. No solo no consiguió el
objetivo, sino que
no llegó a derribar “ni un puto bolo”. Ni solo ni
acompañado. Nada. En
vista de que esa no era su noche y de que en el caso harto improbable
de llegar a materializar la heroicidad de derribar los dos bolos a la
vez, Donato no tenía camisetas del Espanyol de premio,
decidió pasar
del tema y enfrascarse en una intrascendente conversación con
Donato y
sobre cuales eran sus proveedores.
El rumano ponía los ojos como platos. No debía concebir que un personaje como ese recordase al artífice de uno de los pasajes más gloriosos de la Historia del deporte de su país, pero ni por esas Lacoma consiguió su objetivo de que le vendieran una camiseta del Espanyol. Y eso que le siguió taladrando el cerebro con la vida de Raducioiu, Camataru y Lacatus. Entre medias, Miguel se dedicaba a punchar a unas zagalas incautas que sin duda deben ser muy pequeñas y tiernetas y aun no nos debían tener calaos pues comenzaron la conversación ellas. Miguel mantuvo con una de ellas una serie de encuentros y desencuentros durante todas las fiestas durante los cuales la zagala se dedicaba a pedirle un collar que llevaba puesto y el otro le soltaba animaladas sin ningún tipo de pudor. |
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| Lemus,
seguía bebiendo. Al lector se le supone inteligente como para
suponer este tipo de obviedades pero no está mal el recordar,
para realzar más si cabe, la crudeza de los acontecimientos. La
casa “Zoco” estaba cuadrando las cuentas del mes de Septiembre gracias
a semejante sumidero. El elemento en cuestión estaba como loco
por comprarse un gorro de estos jipis, así como un collar y
pulseretas para ataviarse. Dio por saco a diestro y siniestro y en
compañía de Lacoma removieron Roma con Santiago hasta que
encontraron a un moro que les hizo oferta especial y ahí los
tenias a los dos bien orgullosos con su bisutería recién
adquirida. Mientras tanto, Raúl le había cogido el tranquillo a los putos bolos y la siguió hasta conseguir una camiseta de Brasil que no dudó en ponerse al instante. La estampa era digna del mismísimo Ronaldo. O como dijo alguno, era como si Maradona se hubiese puesto la elástica brasileira. Por la tripa, más que nada. Y en estas, aparecen los padres de Raúl. Blancos se quedaron de ver la borrachera que calzaba su primogénito, pero impávidos se pusieron al comprobar como su vástago les relataba la hazaña de cómo había conseguido la camiseta. El cenit de la historia tuvo lugar cuando recreando el gol que había metido y gritándolo a los cuatro vientos, dijo: - Mira, mamá – y engancho el borde de la zamarra para ponérselo por encima de la cabeza como si estuviera celebrándolo de verdad y haciendo el avioncito Rambert. Lo que no tenía calculado es que el puto cigarro que tenía en la boca pegó un petardazo llenándolo todo de chispas además de provocar un quemazo en la recién estrenada camiseta de tamaño considerable. Casi coincidió en el tiempo con el instante en el que Lacoma, intentando pasar una pulsera a través de su enorme cabeza, la reventó de mala manera, de tal forma que las boletas salieron disparadas en todas direcciones. Quedó el suelo del puesto de Donato lleno de boletas de plástico. El brazalete marchó a tomar por culo, y nosotros también, pues Donato nos mandó a tomar por el saco, en especial al “charlatán”. |
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Así pues, nos encaminamos
hacia los bares. No se nos ocurrió mejor idea que alcorzar por
la calle Mayor. Y cual fue nuestra sorpresa al comprobar que la casa
situada enfrente de “Caprichos” (la casa de “Vidal”, para entendernos)
estaba atiborrada de garitos. Y cual fue nuestro gozo al ver, ondeando
en lo más alto, una bandera roja con la hoz y el martillo. |
Y en estas, que ante la leve oposición de la gente, en especial de Arancha que veía como su novio Jesús enfilaba hacia el garito con el estalentao de Lacoma, esos dos buquizos se metieron por una puerta que suponían era la del portal de la casa de los garitos, más que nada porque la policía municipal estaba allí rodeada de zagales dándoles la chapa.
Después de dos tentativas fallidas, encontraron el garito que andaban buscando. Entre medias, hay que imaginar el desconcierto que debía provocar el ver amanecer por la puerta de tu garito a dos mardanizos de 25 años bufando como lebreles y gritando: “La bandera, la bandera, ¿dónde tenéis la bandera?”. En el ultimo piso estaba situado el garito de la que creemos que en otros tiempos era conocida como peña “III República” (no sé si aun se llaman así, en cualquier caso no creo que hayan variado la ideología ni una puta décima de grado, de lo cual me alegro). Jesús aun intento encontrar la puta bandera por la vía diplomática pero Lacoma sabía muy bien a donde debía encaminar sus pasos después dedos intentos fallidos.
Resulta que la bandera en cuestión tenía una franja horizontal azul en medio, por lo que Jesús dedujo que se trataría de la bandera de alguna exrepública soviética.
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| Por
aquel entonces, la gente había avanzado ya hacia los bares y
este par de fenómenos subía la calle Mayor con su
preciado calimocho que tanto esfuerzo les había costado. Uno iba
zorro, pero el otro iba al borde del colapso físico y mental
(que horas más tarde se desencadenaría en su cuerpo).
Jesús iba alabando las magnificencias de tan, para él,
honroso garito que les había acogido en su seno. Lacoma iba
cagandose en lo incagable por no haber podido llevarse aquello que
más preciaba de ese antro. La bandera roja con la hoz y el
martillo. Además comenzaba a tener delirios etílicos ya
que el calimocho le sabía a pintura. Yo no sé a que sabe la pintura, pero entiendo que bajo los efectos de determinadas sustancias, la mente pueda abstraerse hasta el límite de imaginar tales cosas. Le sabía a pintura. Penosamente, llegaron a los bares, donde comenzó el calvario para un joven senegalés dedicado a la venta ambulante de bisutería barata varia y demás complementos para el borracho. Sin comerlo ni beberlo se vio abordado por esa pareja de estafermos que además de adquirir gorra, gafas y pulseras se dedicaron a corear la alineación de la selección nacional de fútbol de Senegal que se folló a la de Francia en el partido inaugural del Mundial de Corea y Japón 2002. En estas, apareció Lemus (quién sabe donde, como y cuando). Jesús le dio el relevo y dejó al frente del equipo titular a los dos Carlos quienes le volvieron a soltar al pobre mozo la lista entera de Tony Silva, Baba Diop, El Hadji Diouf y su puta madre. El zagal solo debía suplicar que al menos no apareciese el loco que sirve calamares en el Victoria y se hiciese presente ante sus ojos el tridente de la muerte (capaz de apostarse en mitad del Coso, un viernes a las 5:00h de la madrugada, a grito pelao, y sin ningún pudor, una coctelera de vodka-martini para el perdedor de la cuestión de si un puto equipo de fútbol de la extinta República Democrática Alemana, para más señas el FC Carl Zeiss Jena “el orgullo de Turingia”, había disputado o no una final de Recopa de Europa). Llegados a este punto, el grado de consciencia (y de conciencia) de esa pareja era muy bajo, a pesar de lo cual dieron por concluida su charla con el amigo senegalés y enfilaron al Desvand. Allí se reencontraron con “el coloso de Radiquero”, Don ángel Nasarre el cual acudió enseguida a ver a Celia y darle instrucciones para que les diera dos camisetas del Desvand a Lemus y Lacoma. Este último no dudó en ponérsela encima de la que ya llevaba. En la barra de fuera se encontraba Paco, el amigo de ángel, con un ojo morao. Resulta que uno de los camareros del Desvand le arreó un puñetazo porque Paco en vez de pedirle cubatas le pedía bandejas de gambas y de calamares. Al otro se le hincharon las pelotas, le dijo que saliera fuera del bar, que se quitara las gafas y le endiñó un puñetazo y una patada en el estómago. Con nocturnidad y alevosía. A la media hora ya estaba en la puta calle, despedido. |
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| Lemus y Lacoma
habían llegado al estado límite de servicio. Es decir,
eran capaces de mantenerse de pie, relativamente estables, sin picharse
ni cagarse en los pantalones, pero no estaban para muchas historias
más que implicasen un gasto neuronal distinto de cero. Lacoma
pareció revivir cuando por la puerta del Desvand vio aparecer a
una china de esas que venden flores. Pero además de flores
portaba el complemento que le faltaba a Lacoma para erigirse en el
borracho del bar y de la noche. Una espada laser Jedi. Sin
pensárselo ni un instante, avanzó a su encuentro y
agitando un billete de diez euros le arrebató la espada a la
china. La desplegó y la encendió mientras la enarbolaba
en mitad del bar. Cuan poderoso se sentía! |
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Mas cual fue su sorpresa al
comprobar que un grupo de “punchadoras” le cogian de la punta de la
espada y lo llevaban hacia su terreno. Ese fue el momento en el que
llegaron al bar Morcate y el Alemán y no daban credito a sus
ojos. Lacoma, y Lemus que se había unido a la fiesta, con una
guaza descomunal, acosados por tres (a lo mejor eran dos o cuatro, o
que se yo) tías, y que además se dice que estaban buenas! Lacoma pasó al ataque e incluso se puso a enseñarles sus calcomanías... No obstante, la cosa no pasó a mayores porque este elemento, transcurrido un rato se fue fuera del bar a por unas cosas que le tenían que dar Morcate y Jesús. |
En lo
que dura el viaje del Desvand al coche de Jesús, que estaba en
la estación de autobuses, y volver, a este cenutrio se le
había olvidado por completo cual era el motivo de dicho viaje y
que es lo tenia que hacer dentro de ese bar. Sin saber por que, se
quedó fuera del bar metiéndole otra vez la chapa al pobre
zagal senegalés, que debía estar hasta los santos cojones
de esa pareja de cabrones. Jesús y Lacoma, Lacoma y Jesús
le contaron vida y milagros al zagal (que me parece que se llamaba
Jeff) y cuando se iban le decían – Gracias por escucharnos,
¿Cómo se dice gracias?
Total, que marchaban pero no marchaban y la acababan emprendiendo otra vez con el zagal que al final ya le llamaban “Didayef”. Ese zagal debió enganchar a la mañana siguiente una patera vuelta a casa para no tener que repetir dicho episodio nunca más. Cuando por fin volvió al bar, Lacoma vio que no estaban sus “amigas”. Se cagó en todas sus familias y las acusó de asquerosas porque se le habían escapado. Al día siguiente ni siquiera recordaba que se había pasado una hora hablando con “Didayef”. Allí se encontraba Miguel desplegando todo su arsenal de combate. Evaluando situaciones de ataque eventuales, escanenando con su poderoso radar varias millas a la redonda y seleccionando los posibles “targets” que le podían conducir al éxito. Esta avanzada maquina de buitreo intensivo estaba engrasada como nunca gracias a las maravillas otorgadas por el bendito calimocho. Sabía que era su día y atacaba a todo cristo con tetas. |
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En el Público, fueron despareciendo los mediocres para acabar quedando los superclase del pueblo. Los 4 jinetes del Apocalipsis, vamos. Lemus había traspasado los límites lo insano y se encontraba en el Público matándose a base de sevenups con vodka. Los demás que le acompañaban también se encontraban en la cresta de la ola, pero este personaje iba con el piloto automático. Personajes de la noche como ángel Nasarre y Daniel Cendejas, conocidos por todos los potenciales lectores de estas crónicas como paradigmas vivos de la ingestión desaforada de alcohol estaban acojonados de cómo ese ser engullía vodkas como si no le costase esfuerzo alguno. |
| No solo estaban acojonados sino que es un recuerdo que les vuelve a la cabeza constantemente y les atormentará durante toda la vida. Lacoma se había quedado solo en el Desvand. Se encontraba en estado límite último y no se pichó encima vaya usted a saber por que. Estuvo pegando puñetazos a unos cuantos (el pensaba que en plan de broma) hasta que uno de los santos varones que lo estaba aguantando en esos momentos lo mandó a tomar por culo y con razón. Intentó mantener una conversación con Jimmy, pero al ver que mientras le hablaban los demás, se quedaba dormido de pie, decidió que la noche ya había acabado para el y que lo mejor que podía hacer era marcharse a dormir de una puta vez ya. | |
| Lemus
repartió su clase
innata allá por donde pasó y a eso de las 10:00h se
cansó de engullir vodka. Decidió encaminar sus pasos
hacia su casa con tan mala fortuna de coincidir con toda su familia en
pleno. Al parecer, el padre de Lemus y su tío, se encontraban en
la puerta del portal, suponemos que prestos a tomar un vermú
antes de ver el pasacalles, y esperando a las parientas que
tenían que bajar todavía a la calle. Pues bien,
según relató Don Carlos Lemus Codera horas después
de tan terrible experiencia, “yo bajaba por el Coso con el piloto
automático puesto”- es decir, con la sonriseta de oso amoroso
que pone cuando va como el hijo del trueno y esos ojetes (por decir
algo, porque de rojos que están parecen los del mismísimo
Lucifer) a medio abrir, o a medio cerrar según se mire – “de
repente, al doblar la esquina del estanco, veo a mi padre y a mi
tío en la puerta del portal. Pero ellos ya me habían
visto, los dos se estaban descojonando” -(que se descojonara su
tío me lo creo, lo de Don Paco ya me extraña más). Hay que tener en cuenta que Lemus llevaba puesto un gorro jipi calado hasta las cejas, gafas de sol, pulseretas en ambos brazos, collar y es posible que conservara la espada laser Jedi de Lacoma. Es esta una cuestión (la de la espada laser) que no está muy clara y que entiendo que Lemus tenga reparos para preguntarle a su madre por el paradero de dicho enser. |
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En el
proximo episodio...
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En un
próximo capítulo, se relatará la terrible
experiencia vivida por Pablo Lemus Codera el día 5 por la
mañana cuando al preguntarle a su madre:
ésta, le respondió:
PROXIMOS CONTENIDOS
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